El Real Murcia ha perdido pegada. El conjunto grana, que comenzó la temporada mostrando recursos y peligro en los metros finales, atraviesa ahora una fase de estancamiento ofensivo que se viene haciendo especialmente visible desde el encuentro frente al Nàstic de Tarragona de principios de octubre. Al equipo de Sergi Guilló le cuesta cada vez más encontrar el camino del gol y una de las claves está en la caída de la aportación de sus extremos.
Jorquera por la izquierda y Javi Moreno por la derecha fueron dos de los grandes argumentos ofensivos del Murcia durante el arranque de la competición. Ambos comenzaron especialmente enchufados, aportando goles, asistencias y desequilibrio, pero su producción se frenó en seco muy pronto. Desde la segunda jornada frente al Teruel, ninguno de los dos ha vuelto a participar directamente en un gol mediante tanto o asistencia.
Javi Moreno acumula dos goles y una asistencia, mientras que Jorquera presenta unos números ligeramente superiores, con dos tantos y dos asistencias. El problema no está tanto en esas cifras como en cuándo llegaron: prácticamente toda su producción ofensiva quedó concentrada en las primeras jornadas.
Ese bajón de los dos futbolistas de banda ha coincidido con las crecientes dificultades del Real Murcia para generar peligro y, sobre todo, para transformar sus llegadas en goles. El equipo sigue compitiendo y encontrando diferentes caminos para acercarse al área rival, pero ha perdido parte de la profundidad, el desborde y la capacidad para decidir partidos que mostró al inicio.
Desde entonces, Flakus ha asumido buena parte del peso goleador con tres tantos, aunque sus apariciones también han sido intermitentes. El Murcia ha necesitado además recurrir a goles de jugadores como Mier, Olmedo u Óscar Gil para mantener su producción ofensiva, una circunstancia que refleja la ausencia de un foco anotador constante en los hombres llamados a marcar diferencias arriba.
La situación resulta especialmente significativa porque Jorquera y Javi Moreno parecían destinados, por su arranque de temporada, a convertirse en dos de las principales armas del equipo. Su capacidad para atacar desde fuera hacia dentro, aparecer en zonas de remate y generar ocasiones para sus compañeros dio al Murcia una amenaza por ambos costados que ahora aparece con mucha menor frecuencia.
El partido frente al Nàstic marcó un punto a partir del cual esa pérdida de filo se ha hecho más evidente. El Murcia continúa mostrándose competitivo, pero le cuesta convertir sus fases de dominio en ocasiones claras y sus ocasiones en goles. Cuando los extremos no producen y el delantero no consigue mantener una regularidad anotadora, el margen de error se reduce considerablemente.
Recuperar a Jorquera y Javi Moreno para la causa ofensiva aparece así como uno de los grandes retos de Sergi Guilló. No necesariamente únicamente a través del gol: volver a contar con su desborde, último pase y capacidad para generar ventajas permitiría al Murcia disponer de más alternativas y liberar también a los futbolistas que actúan por dentro.
Los números muestran una dependencia cada vez mayor de apariciones puntuales. Flakus ha respondido con tres goles, mientras que Mier, Olmedo u Óscar Gil han ido aportando en diferentes momentos, pero el Real Murcia necesita que sus principales piezas ofensivas vuelvan a tener continuidad.
El arranque de Jorquera y Javi Moreno demostró que tienen capacidad para marcar diferencias. El desafío ahora es recuperar aquella versión. El Murcia necesita volver a tener colmillo por las bandas para salir de un atasco ofensivo que, desde principios de octubre, empieza a convertirse en uno de los principales problemas del equipo grana.
