El combustible ya representa el 89% del gasto operativo de las flotas españolas y las empresas murcianas buscan formas de controlarlo

Un camión frigorífico que sale de Lorca cargado de lechugas rumbo a un centro logístico en Lyon consume entre 30 y 35 litros de gasóleo cada cien kilómetros. Con el litro de gasóleo A rondando los 1.86 euros de media en España durante buena parte de 2026, y semanas de marzo en las que superó los 1.90 euros por la escalada del barril de crudo por encima de los 107 dólares, llenar el depósito de 400 litros de un tráiler cuesta más de 740 euros. Ida y vuelta a Lyon, dos depósitos completos. Y eso sin contar peajes, dietas, mantenimiento ni el desgaste de neumáticos que el asfalto de la autopista del Mediterráneo impone a cualquier flota que haga rutas regulares.

Que el combustible se coma la mayor parte del presupuesto operativo de una empresa de transporte no sorprende a nadie en la Región de Murcia, donde la logística agrícola, la distribución de productos hortofrutícolas y el transporte de mercancías hacia el arco mediterráneo son actividades que sostienen miles de empleos directos. Lo que quizá sí sorprenda es el dato concreto.

Una encuesta realizada en junio de 2026 a más de 140 empresas españolas del sector del transporte, la logística, la distribución y la construcción reveló que el 89.4% de los gestores de flotas señalaba el combustible como el factor con mayor impacto en sus gastos operativos. El control de costes aparecía como la preocupación número uno para el 75.9% de las empresas encuestadas, seguido del mantenimiento con un 61.7% y los tiempos de inactividad con un 31.9%. Son cifras que dibujan un sector donde los márgenes se estrechan trimestre a trimestre, y donde cada litro de gasóleo que se quema de más en un ralentí excesivo o en un desvío innecesario se convierte en dinero que no vuelve.

El problema no se queda en el precio del surtidor. En paralelo a esa presión, la seguridad en carretera sigue siendo una asignatura pendiente. Un informe de la principal federación nacional de transporte por carretera, publicado también en junio de 2026, documentó que más del 50% de los transportistas profesionales en España habían sufrido algún tipo de robo en los últimos cinco años. El corte de lona para inspeccionar la mercancía lidera las agresiones con un 41% de los incidentes. El robo de combustible representa el 37% y el robo directo de carga otro 37%. El 93% de los asaltos se produce durante el descanso nocturno, y el 60% tiene lugar en áreas de estacionamiento clasificadas como no vigiladas, donde las bandas organizadas operan con escasa oposición. El eje mediterráneo concentra una parte desproporcionada del problema. Solo la autopista del Mediterráneo acumula el 44% de todos los robos registrados, y las regiones de Cataluña, Madrid y Andalucía suman cerca del 90% de los incidentes. Murcia, que se sitúa justo en ese corredor entre Andalucía oriental y la Comunitat Valenciana, no aparece entre las peores pero tampoco escapa a la presión.

Para una empresa de gestión de flotas con base en Murcia que mueve frutas y hortalizas hacia mercados europeos, el combustible que desaparece del depósito de un camión aparcado en un área de servicio de la autopista del Mediterráneo no es muy diferente del combustible que se pierde por un ralentí excesivo durante una espera en el mercado central de Perpignan. Son litros que no generan kilómetros útiles. La diferencia es que uno es un delito y el otro un problema de gestión, pero el efecto en la cuenta de resultados es parecido.

Ahí es donde los sistemas de monitoreo vehicular empiezan a justificar su coste. Un sensor de nivel de combustible conectado a una plataforma de seguimiento permite detectar caídas bruscas en el depósito que no coinciden con el consumo normal del motor. Si a las dos de la madrugada el nivel baja 80 litros en tres minutos mientras el camión está parado en un área de descanso cerca de Tarragona, el sistema genera una alerta inmediata al gestor de flota. Eso no evita el robo que ya se ha producido, pero permite activar la denuncia en tiempo real y dar a la Guardia Civil una ubicación exacta, un horario y un patrón que facilita la investigación. En el lado del consumo de combustible, www.gpswox.com/es ve este patrón constantemente en flotas de transporte por carretera que operan en el corredor mediterráneo, donde las caídas bruscas nocturnas en el nivel del depósito son una de las alertas más frecuentes.

Pero el ahorro de combustible más grande no viene de evitar robos. Viene de la conducción.

Un caso documentado en 2025 por un proveedor de telemática europeo mostró que un conductor de flota en Finlandia, que recorría alrededor de 3000 kilómetros semanales, consiguió reducir su consumo de combustible en más de 1000 euros al mes tras recibir formación en conducción eficiente combinada con monitorización de hábitos a través de una plataforma de seguimiento de flotas. Con el gasóleo a 1.80 euros el litro en Finlandia, la mejora se traducía en cientos de litros menos cada mes. Multiplicado por una flota de veinte camiones, el ahorro superaba los 20000 euros mensuales. Las estimaciones del sector apuntan a que los programas de conducción eficiente, cuando se combinan con datos telemáticos en tiempo real, pueden recortar entre un 5% y un 13% el consumo de combustible dependiendo del punto de partida de cada conductor.

Para una flota murciana de quince camiones que hace rutas regulares al norte de Europa, un ahorro del 7% sobre la factura de gasóleo mensual puede suponer entre 3000 y 5000 euros al mes. Es dinero que vuelve al negocio sin necesidad de subir precios ni recortar plantilla.

Los datos que generan estos sistemas tampoco se quedan en el ahorro de combustible. El historial de rutas permite comparar trayectos, identificar tramos donde el consumo se dispara por pendientes o retenciones habituales y reasignar horarios de salida para evitar las horas punta en los accesos a los polígonos industriales de Molina de Segura, de Alhama o del entorno del puerto de Cartagena. La información sobre tiempos de ralentí ayuda a negociar con clientes tiempos de carga y descarga que llevan años siendo una fuente de costes ocultos para los transportistas. Cada hora de espera con el motor encendido son entre 2 y 4 litros de gasóleo que no mueven mercancía.

Nada de esto sustituye al conductor ni al gestor de flota que toma las decisiones. Lo que hace es darles números donde antes solo había intuición. Y en un sector donde el combustible se lleva nueve de cada diez euros del gasto operativo, tener los números claros ya no es un lujo para flotas grandes. Es la diferencia entre cerrar el trimestre con margen o cerrarlo preguntándose dónde se fueron los litros.

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