Hay decisiones que, con el paso del tiempo, invitan a mirar atrás. por pura necesidad. Porque cuando el presente no ofrece respuestas, a veces la solución no está en lo que está por venir… sino en lo que se dejó atrás.
Y en el caso del Real Murcia, ese lugar tiene nombre propio: Cobatillas.
Abandonada desde 2019. Olvidada. Tapada por la maleza. Pero todavía en pie. Todavía utilizable con un buen lavado de cara. Todavía… una opción. Además, no hablamos de cualquier instalación: es propiedad del Real Murcia. Un activo del club que, a día de hoy, sigue en venta… aunque, de momento, sin novedades ni avances conocidos.
Porque sí, Cobatillas no es perfecta. Nadie lo discute. No es la ciudad deportiva moderna que merece el club. No tiene residencias, ni clínicas de alto rendimiento, ni auditorios, ni restaurantes.
De hecho, la imagen es casi simbólica. Entre la maleza, una portería sigue en su sitio. Como esperando. Como recordando que allí, no hace tanto, entrenaba el Real Murcia. Que aquello fue su casa.

Y aquí es donde entra el debate que nadie termina de afrontar de verdad.
¿Tan inviable era recuperar Cobatillas como solución provisional —o incluso a medio plazo—?
Porque hablamos de algo relativamente sencillo: acondicionar un campo en condiciones, habilitar un vestuario digno y montar un gimnasio funcional. Nada que compita con el macroproyecto de la zona norte. Pero sí algo suficiente para el día a día de un equipo profesional.
Algo que evitaría desplazamientos constantes. Algo que daría estabilidad. Algo que, sobre todo, permitiría dejar de vivir en esta provisionalidad permanente.
Mientras tanto, la alternativa es bien distinta: entrenamientos en distintas instalaciones, viajes diarios —como los previstos a Alhama— y una sensación continua de estar de paso. De no tener casa.
Y todo esto ocurre mientras los anuncios institucionales se suceden.

Conviene recordar que en mayo de 2024 se presentó a bombo y platillo la futura ciudad deportiva. Un proyecto ambicioso, moderno, llamado a cambiar el futuro del club. Dos años después, en 2026, la realidad es tozuda: no hay obras, no hay instalaciones, no hay avance tangible sobre el terreno.
Sí, se han producido movimientos administrativos: ordenación urbanística, fases del plan, exposición pública, evaluación ambiental… Pasos necesarios, sin duda. Pero pasos que no pisan el césped.
Y con un añadido que no es menor: en 2027 hay elecciones municipales. Y todos sabemos lo que eso suele significar para este tipo de proyectos: más incertidumbre, más tiempos, más riesgo de que todo vuelva a ralentizarse.
Porque el fútbol no entiende de fases administrativas… ni de calendarios políticos.
El problema no es el proyecto de la ciudad deportiva. Es evidente que es necesario, ambicioso y positivo para el futuro del club y de la ciudad. El problema es el presente. Ese presente que sigue sin resolverse.
Y es ahí donde Cobatillas vuelve a aparecer, casi como un fantasma incómodo.
No es la solución ideal. Pero sí una solución.

Una que el club llegó a valorar en 2024. Una que finalmente se descartó o quedó en pausa. Y una que, viendo la situación actual, vuelve a tener todo el sentido del mundo.
Porque entre esperar años a la ciudad deportiva soñada o no tener nada propio, hay una tercera vía: recuperar lo que ya fue tuyo.
Aunque sea con lo justo.
Aunque sea con una portería que hoy asoma entre la maleza, resistiendo el paso del tiempo… y esperando, quizá, que alguien vuelva a mirar hacia Cobatillas.
