El Real Murcia se despidió de la Copa del Rey con la cabeza bien alta tras caer por 0-2 ante un Real Betis que se tomó la competición muy en serio y que demostró por qué milita dos categorías por encima. El resultado fue cruel para un equipo grana que compitió, dominó por momentos y obligó a los verdiblancos a exprimirse al máximo en una noche que volvió a hacer del Enrique Roca un escenario grande.
Con más de 31.000 espectadores en las gradas y el aliciente añadido del saque de honor de Carlos Alcaraz, la ciudad se volcó con su equipo en una noche de copas… y de estrellas. Bartra, Fornals, Antony y el propio Alcaraz compartieron foco con un Real Murcia que no se arrugó ni un segundo.
Un Murcia valiente desde el inicio
El plan de Adrián Colunga funcionó durante muchos minutos. Bloque serio, presión bien medida y salidas rápidas que incomodaron a un Betis con más balón pero pocas ideas claras. El Murcia incluso generó las mejores ocasiones del primer acto tras el gol verdiblanco, con un doble remate de Antxón y Flakus que obligó a Adrián San Miguel a erigirse en el mejor de su equipo.
El estadio rugía con cada acción grana y el partido se jugaba más cerca de lo que muchos esperaban del área verdiblanca. Manu Lara, una de las sorpresas en el once, firmó una primera parte de personalidad y criterio que encendió aún más a la grada.
El mazazo del penalti
Cuando el Murcia mejor estaba, pero sin ocasiones, llegó el golpe. Una mano dentro del área permitió al Betis adelantarse desde los once metros. El Cucho Hernández no falló y silenció momentáneamente al Enrique Roca. Era un castigo excesivo para un Murcia que había competido de tú a tú y que se marchó al descanso con la sensación de merecer más con la ruleta de ocasiones falladas.
A creer hasta el final
Lejos de venirse abajo, el Real Murcia dio un paso adelante tras el descanso. Colunga movió el banquillo, el equipo adelantó líneas y comenzó a creer en el empate. Hubo posesión, intención y empuje, aunque faltó colmillo para poner realmente a prueba a Adrián.
El Betis, cómodo esperando su momento, encontró el 0-2 en una acción aislada a falta de seis minutos. Piñeiro detuvo el mano a mano, pero el rechace acabó entrando pese al intento desesperado de Héctor Pérez por sacar el balón sobre la línea. Fue el golpe definitivo.
Orgullo grana
Ni siquiera con el segundo gol el Murcia dejó de competir. Presionó hasta el último segundo, buscó el gol del honor y recibió un aplauso generalizado de una afición que reconoció el esfuerzo de los suyos. Incluso cuando parte del estadio comenzaba a vaciarse, el himno sonó a capela como homenaje a un equipo que se dejó hasta la última gota.
El Real Murcia se despide de la Copa del Rey sin premio, pero con algo quizá más valioso: respeto, orgullo y la certeza de que este equipo está muy vivo. Ante un Betis de Europa, el Murcia fue un rival digno. Y eso, en noches como esta, también cuenta.
