El UCAM Murcia afronta este viernes a las 21:00 horas en el Roig Arena un nuevo desafío de la Copa del Rey Valencia 2026. El rival será el Barça, uno de los grandes dominadores históricos del torneo y una referencia permanente cuando se habla de baloncesto nacional. Los cuartos de final plantean un duelo exigente, pero también una oportunidad para que el conjunto universitario vuelva a competir sin complejos en el escenario más imprevisible del calendario.
La historia coloca al Barça como el segundo club más laureado de la competición con 27 títulos y 39 finales disputadas, cifras que reflejan su dimensión en esta Copa. Su último título llegó en 2022 y su presencia en fases finales ha sido constante a lo largo de la era ACB. El precedente copero entre ambos equipos también se remonta a esa edición, cuando azulgranas y murcianos se cruzaron en semifinales con triunfo catalán 103-90. Aquel partido forma parte del aprendizaje competitivo de un UCAM que, desde entonces, ha seguido creciendo en ambición y experiencia.
Para el conjunto murciano esta será su cuarta participación en la era ACB, con las semifinales de 2022 como mejor resultado hasta la fecha. La presencia continuada en las últimas ediciones confirma la consolidación del proyecto en la élite y refuerza la sensación de que el equipo ya no llega a la Copa como invitado, sino como aspirante a competir cada balón. La experiencia acumulada en Badalona y Málaga en los últimos cursos ha curtido a una plantilla que entiende mejor que nunca los matices de un torneo que no concede margen de error.
En lo estrictamente estadístico, el Barça presenta un perfil de gran eficiencia ofensiva, con un rating ofensivo superior a 121 puntos por cada 100 posesiones y un porcentaje de tiro efectivo cercano al 59%, números que evidencian su capacidad para castigar desde el perímetro y en situaciones inferiores. Su defensa también se mueve en parámetros sólidos, recibiendo en torno a 80 puntos por encuentro en la competición. Es un equipo que combina talento individual con disciplina táctica y que históricamente ha sabido manejar los tiempos de la Copa.
El UCAM Murcia, por su parte, llega con argumentos propios. Su producción ofensiva ronda los 82 puntos por partido y mantiene un equilibrio interesante entre presencia interior y amenaza exterior. El control de pérdidas y la capacidad para competir el rebote serán factores decisivos ante un rival que penaliza cada desajuste. En torneos de formato corto, la intensidad defensiva y la gestión emocional marcan diferencias, y ahí el conjunto universitario ha demostrado saber elevar su nivel cuando el contexto lo exige.
La experiencia individual también tendrá peso específico. El Barça cuenta con jugadores acostumbrados a este escenario y con partidos decisivos de Copa, mientras que en el vestuario murciano conviven perfiles que ya saben lo que es alcanzar rondas avanzadas con otros que debutarán en una fase final y buscarán dejar huella desde el primer minuto. La mezcla de ilusión y rodaje competitivo puede convertirse en un elemento diferencial si el partido se mueve en marcadores ajustados.
La Copa del Rey es un territorio donde la lógica histórica no siempre impone su ley. Ediciones recientes han demostrado que los favoritos pueden caer y que la convicción colectiva puede equilibrar cualquier diferencia. El UCAM Murcia viaja a Valencia con la determinación de competir cada posesión, de imponer su energía y de convertir el duelo en un partido largo, incómodo y abierto hasta el final.
Este viernes no solo se enfrentan dos equipos; se cruzan tradición y ambición, experiencia y hambre competitiva. Los de Sito Alonso saben que el desafío es mayúsculo, pero también que la Copa premia a quienes creen hasta el último segundo. En cuarenta minutos puede escribirse una nueva página en la historia del club universitario.
