El Real Murcia volvió a firmar otra noche negra en el Enrique Roca. La derrota por 0-1 ante el Atlético Sanluqueño no solo prolonga la crisis deportiva, sino que dejó una imagen muy significativa: pañuelos, pitos y gritos de indignación dirigidos tanto al equipo como al palco en el pitido final.
Pañuelos hacia el palco y la grada
La escena final del partido resume a la perfección el momento que atraviesa el conjunto grana. Cuando la colegiada señaló el final del encuentro, el equipo se quedó en el centro del campo recibiendo la pitada de los aficionados que aún permanecían en el estadio. Los pañuelos blancos comenzaron a agitarse mientras desde la grada se escuchaban cánticos como “Esta camiseta no la merecéis” o “Jugadores, mercenarios”.
El ambiente era de hartazgo. Apenas 8.500 espectadores se dieron cita en el Enrique Roca —la peor entrada del curso— y los que acudieron hicieron notar su descontento desde los primeros minutos ante un equipo que sigue sin reaccionar.
Un inicio que marcó el partido
El encuentro comenzó de la peor manera posible para el Murcia. El Sanluqueño salió valiente y pronto encontró premio. En el minuto 7, una acción por banda terminó con el remate de Agustín Juárez dentro del área para adelantar al conjunto gaditano.
El gol acentuó los nervios en el equipo de Curro Torres. La defensa volvió a mostrarse frágil y el Sanluqueño, pese a su delicada situación en la tabla, se sintió cómodo sobre el césped del Enrique Roca.
Un empate que nunca llegó
El Murcia tuvo una reacción tímida. Incluso llegó a celebrar un gol de Pedro Benito tras una buena combinación ofensiva, pero la jugada quedó anulada porque el balón había salido antes del centro de Jorquera. Fue un golpe anímico para un equipo que ya arrastra demasiadas dudas.
Antes del descanso, los granas encadenaron varios córners y rozaron el empate con un potente disparo de Jorge Mier que se estrelló en el palo. Fue el mejor momento del equipo en toda la noche.
Dominio estéril tras el descanso
En la segunda mitad el Murcia intentó cambiar el guion. Curro Torres introdujo cambios ofensivos y el equipo se volcó sobre el área rival, pero el plan se redujo casi siempre a centros laterales buscando a Juanto Ortuño o Flakus.
El Sanluqueño resistió con orden, cerró bien las bandas y apenas concedió espacios. Las mejores ocasiones granas llegaron en remates aislados de Ortuño y Flakus, pero siempre sin acierto.
Con el paso de los minutos el partido se convirtió en un ejercicio de desesperación. El Murcia empujaba sin ideas y los visitantes esperaban su oportunidad a la contra.
Una crisis que no toca fondo
El pitido final confirmó otra jornada negra para el Real Murcia: ocho partidos sin ganar y solo tres puntos de los últimos veinticuatro. Una dinámica que ha llevado al equipo a puestos de descenso cuando el objetivo a principio de temporada era pelear por el ascenso directo.
La imagen del final —pañuelos al aire, pitos y un estadio resignado— refleja el divorcio actual entre equipo y afición. El tiempo corre y, por ahora, el Murcia sigue sin encontrar respuestas.
