El derbi de la Región terminó de la peor manera para el murcianismo. El Real Murcia cayó 1-2 ante el FC Cartagena en un Enrique Roca con 26.056 espectadores —la mejor entrada del curso— y confirmó una dinámica alarmante. Ni el empuje inicial ni los cambios de Adrián Colunga sirvieron para frenar a un Efesé que fue de menos a más y acabó imponiendo su fútbol y su carácter.
Un inicio eléctrico que fue espejismo
El partido comenzó con el guion soñado para los granas. Tras un arranque intenso, Joel Jorquera culminó una gran jugada colectiva para hacer el 1-0 en los primeros minutos. El Murcia golpeaba pronto y el estadio rugía.
Pero el tanto no consolidó a los locales. El Cartagena reaccionó con personalidad, se adueñó del balón y empezó a crecer por la derecha, con Perejón y De Blasis encontrando grietas en la zaga grana. Piñeiro sostuvo momentáneamente a los suyos con una gran parada a Chiki, pero el dominio visitante era cada vez más evidente.
En el 38’, Yanis Rahmani aprovechó un balón suelto en el área para empatar el choque. El 1-1 reflejaba ya un cambio de inercia. El Murcia, tras su arranque fulgurante, se diluyó. La grada pasó del entusiasmo a la crispación antes del descanso, especialmente tras una revisión VAR por un posible penalti que quedó en nada.
Nil culmina la remontada y agrava la crisis
La segunda parte arrancó con cambios ofensivos de Colunga —Flakus y Ekain al césped—, pero el equipo no mejoró. Sin fluidez ni claridad, el Murcia fue perdiendo el control ante un Cartagena cada vez más cómodo.
El 1-2 llegó en el 53’. Tras una jugada por banda derecha, el balón quedó muerto en el área y Nil Jiménez, la apuesta de Iñigo Vélez en su primer once, lo mandó a la red. El Efesé culminaba la remontada y desataba el silencio en el Enrique Roca.
A partir de ahí, el partido se movió entre la impotencia local y la confianza visitante. Piñeiro evitó el tercero con una parada notable a Rubén Serrano. El Murcia, sin ideas, abusó de centros frontales que fueron un regalo constante para Lucho García. Óscar Gil terminó sumándose a la medular en un intento desesperado por generar algo de juego.
Tensión en la grada y final sin reacción
El encuentro se detuvo durante unos instantes por el lanzamiento de una botella desde el fondo sur hacia De Blasis. El árbitro advirtió por megafonía de posibles consecuencias si se repetían los incidentes. La tensión se trasladaba del césped a la grada.
Con el paso de los minutos, el murmullo se transformó en abandono. Parte de la afición comenzó a desfilar hacia la salida mientras desde la esquina visitante se escuchaba el “¡Que bote Cartagena!”. Un gol anulado al Murcia por fuera de juego en el añadido fue el último intento fallido de reacción.
Tras diez minutos de descuento, el pitido final confirmó la victoria albinegra.
Un Murcia sin respuestas
El Real Murcia continúa su desplome. El equipo de Colunga transmite dudas, nervios e inseguridad. Los cambios no reactivan, el juego no fluye y la reacción no llega. La crisis ya no es una mala tarde: es una tendencia.
En cambio, el FC Cartagena encuentra motivos para creer. En el estreno de Iñigo Vélez, el equipo mostró carácter, orden y pegada para llevarse un derbi que puede marcar un punto de inflexión en su temporada.
El Enrique Roca dictó sentencia con silencio y resignación. Y la pregunta que flotó en el ambiente fue inevitable: ¿cuánto margen le queda a Colunga?
