El Enrique Roca volvió a vivir una de esas noches que alimentan la leyenda del Real Murcia. Los granas, empujados por 10.442 fieles, firmaron una victoria épica ante el Cádiz (3-2) y sellaron su pase a los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, donde espera uno de los grandes del fútbol español. Un partido vibrante, de sufrimiento final, pero también de pegada, trabajo colectivo y un estadio entregado.
Un Murcia valiente pega primero
Desde el inicio, ambos equipos tantearon el ritmo, pero el Real Murcia golpeó cuando más lo necesitaba el partido. En el 15’, un gran pase filtrado de David Vicente dejó a Pedro León mano a mano. El muleño la picó con calidad y al segundo palo de manera acrobática, el holandés Schalk apareció para el 1-0 y desatar la locura.
El tanto espoleó a los de Colunga, que siguieron mordiendo. Solo seis minutos después, una brillante jugada colectiva acabó en un pase de Schalk para Pedro Benito, que definió con una preciosa vaselina para el 2-0 (21’). El Cádiz, completamente aturdido, no lograba superar el bloque murciano.
Piñeiro, gigante bajo palos
El Real Murcia se mostró sólido y cómodo, aguantando atrás y desplegándose con velocidad. El Cádiz apenas inquietaba, aunque lo intentó con centros laterales y disparos y centros lejanos que Piñeiro, siempre seguro, neutralizó sin problemas.
Justo antes del descanso llegó la acción que encendió el estadio: David Vicente cazó un balón a 30 metros y soltó un zambombazo imparable para poner el 3-0 en el 45’+3. Un golazo mayúsculo para cerrar una primera parte perfecta.
El Cádiz reacciona, pero el Murcia resiste
La segunda mitad comenzó con tensión. Un penalti cometido por Andrés López dio opción al Cádiz de meterse en el partido, pero Piñeiro detuvo la pena máxima en el 48’, levantando al estadio entero.
Aun así, el conjunto amarillo encontró oxígeno con el 3-1 de Diarra en el 53’, tras una jugada por banda derecha. El Murcia trató de controlar el ritmo con cambios, y pudo sentenciar con llegadas claras de Pedro Benito y Flakus, pero faltó precisión.
El Cádiz, obligado a arriesgar, se volcó sobre el área grana. Dawda recortó distancias en el 76’ (3-2) tras un pase filtrado que rompió la zaga grana, y el tramo final se convirtió en un ejercicio de resistencia heroica.
Un final agónico… y una clasificación histórica
En los últimos minutos, el Cádiz monopolizó la pelota, pero sin profundidad. El Real Murcia defendió con alma, con Diakité viendo la roja en plena batalla táctica y con un equipo exhausto que se vació hasta el último segundo. La última acción, una falta colgada desde el centro del campo, terminó mansamente en las manos de un inmenso Piñeiro.
El pitido final certificó la clasificación y desató la fiesta en las gradas. El Real Murcia vuelve a sentirse grande, vuelve a oler a Copa… y ahora se citará con uno de los gigantes del fútbol español en 1/16.
El Enrique Roca ya espera otra noche mágica.
